
“No bajemos los brazos”: una peregrinación jubilar que renueva la esperanza en Loreto
Fue el reflexivo mensaje del obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, en la vigésimo cuarta edición de la peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Loreto.
Con una masiva participación de peregrinos que llegaron a pie, en bicicleta, por agua e incluso trotando desde distintos puntos de la provincia, y un reflexivo mensaje del obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, Loreto vivió este domingo una de sus celebraciones más significativas del Año Jubilar.

La Eucaristía, marcada por un profundo espíritu de esperanza y misión, contó con la presencia del ministro de Gobierno, Marcelo Pérez; la subsecretaria de Culto, Rossana Barrios; y el intendente de Loreto, Ramón Roque Toledo, entre otras autoridades.
“No bajemos los brazos”, fue una de las frases más contundentes del mensaje central de monseñor Martínez, en una homilía que buscó renovar el compromiso cristiano en un tiempo que definió como “exigente, individualista y desafiante”. El obispo destacó la diversidad de los peregrinos: quienes caminaron desde la tarde anterior, los ciclistas “que impresionan por su esfuerzo”, los grupos náuticos y quienes realizaron la travesía corriendo. Todos, afirmó, “llegamos como peregrinos a la casa de nuestra madre, en este Año Jubilar que es un tiempo de gracias y misericordia”.
La celebración coincidió con la Jornada Mundial de los Pobres, motivo por el cual se elevó una oración especial por quienes padecen desigualdades cada vez más profundas. “El mundo tiene hoy una grieta dolorosa: algunos tienen mucho, mientras muchos tienen muy poco”, reflexionó Martínez.
Uno de los ejes de la homilía fue la misión evangelizadora. Se recordó el camino de los santos misioneros Roque González, Juan del Castillo y Alonso Rodríguez, quienes recorrieron estas tierras cuando no había rutas ni caminos, y que, pese a dificultades, enfermedades y persecuciones, “nunca se achicaron” y continuaron fundando comunidades hasta entregar su vida como mártires. Su testimonio, señaló el obispo, es inspiración en tiempos donde “ser cristiano será un obstáculo para muchos”, pero donde la Iglesia encontrará su fuerza en la caridad.
La ceremonia tuvo un fuerte arraigo cultural. Comunidades de Chacutinga, Zafucay y Guarafaltí, junto a representantes de Gobernador Roca y Polito Grigoyán, llevaron al altar elementos tradicionales utilizados en los rituales religiosos mbyá: el petihuahue —similar a un incensario, que ayuda a elevar la plegaria y sanar—; el popihuahí, cuyo sonido ahuyenta el mal; tallas en madera, cestería y artesanías que representan el sustento familiar y la preservación de la identidad cultural. También presentaron frutas, verduras y pan como signos de gratitud “por el trabajo y los alimentos de cada día”.
Una imagen de la Virgen María, vestida artesanalmente con símbolos de la cultura indígena, presidió las ofrendas y fue destacada como “la invocadora india que camina junto a nosotros como peregrinos de la esperanza”.
En el marco de los 1700 años del Concilio de Nicea, la comunidad renovó solemnemente la profesión de fe que unifica a la Iglesia desde sus orígenes. Como cierre, el obispo Martínez pidió “fortaleza, amor y misericordia” para seguir siendo testigos de la esperanza, especialmente para quienes más lo necesitan.